Etiquetas

,

Tengo una prima inválida a causa de un accidente automovilístico. Fue la primera persona que seriamente me sentó y me puso una canción de Joaquín Sabina para que la escuchara. Yo conocía la voz y la cadencia del andaluz, pero no me había detenido a escucharlo. Ella argumentaba sólidamente: No entiendo cómo es posible que te gusten Silvio y Serrat y no Sabina.

Cuando estaba en secundaria básica Silvio daba su gran Gira Por la Patria, donde los discos dobles Causas y azares y Oh, melancolía eran el plato fuerte. Hubo una gran difusión y de pronto me encontré tarareando Pequeña serenata diurna y como que me sorprendí de sabérmela completa. Tenía un cassette que era el Tríptico II y, junto a Ángel para un final, Llueve otra vez era de las que más me atraía siendo no tan conocida como la primera. Yo, que para ese entonces aún no sabía lo que era ahogarse de deseo por la boca de una mujer, me sentía también prematuramente condenado a lluvias sin motivo.

Su presentación en mi ciudad resultó la más concurrida luego de la de La Habana. Ahí aprendí por qué la gente en los espectáculos como este aplaude con las manos hacia arriba: no hay espacio para hacerlo normalmente. Silvio cerró dos veces pero tuvo que volver al escenario ante el reclamo popular, la última vez lo hizo solo con su guitarra, sin AfroCuba que era el grupo acompañante del momento. Fui esperando escuchar Ángel para un final y fue precisamente lo último en más de tres horas de concierto. Participar en aquel acontecimiento de 80 mil personas reunidas cantando me hizo inclinarme definitivamente por el trovador y durante un tiempo fui silvista y nada más.

Empecé a buscar sus primeros discos y seguí los que vinieron después. Nunca me he dejado llevar por los criterios relativos a su carácter o sus canciones políticas por encima de su calidad artística, a mi modo de ver y sentir siempre en maduración en cada propuesta y sucediendo todavía que algunas de sus canciones son muy radiadas o divulgadas y otras tan o mejores quedan en el silencio y hay que ir a tocarlas para que vuelen. Mi preuniversitario ya fue un poco más diverso en gustos musicales, pero también muy marcado por su poesía. No me voy a detener en las canciones que prefiero porque dependen del momento que esté viviendo y alrededor de él estarán rondando.

Hoy debiera contar hasta cien y luego soñar.
Hoy debiera volver del océano y ser bienvenido.
Hoy debiera andar sin zapatos, casarme de pronto sin saber con quién.
Hoy debiera contar hasta cien y luego soñar.

Anuncios