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En un calendario anual imaginario coloquemos en el primer instante del día primero de enero el Big Bang o gran explosión que la ciencia reconoce como el origen del Universo. Luego coloquemos, en el final del último segundo del día 31 de diciembre, el día de hoy.

¿A partir de qué mes, día, minuto o segundo de ese calendario comenzaría la historia del ser humano, desde los primeros homínidos hasta el día de hoy, que, como dije antes, está al terminar el último segundo del año? Los descubridores del fuego, cazadores, recolectores, la comunidad primitiva, las primeras huellas del esclavismo, las grandes civilizaciones antiguas, el Medioevo, el Renacimiento, el capitalismo surgiente, la era industrial, las guerras mundiales, el mundo moderno, la era espacial, el internet… todo eso, junto a todo lo que hemos creado en arte, ciencia y tecnología. ¿Qué espacio de tiempo abarca todo eso en ese calendario? Pues no son meses, ni días, ni minutos… no son ni siquiera segundos. En estas condiciones toda la historia humana cabría en un mínimo espacio del último segundo del año.

Pero intentemos mejorar las condiciones, mantengamos el día del hoy en el último segundo del día 31 de diciembre de este ejercicio mental y sustituyamos el Big Bang por el surgimiento de nuestro sistema solar. Quizás así logremos superar la barrera del minuto o quizás del día… ¡quién sabe! Pues ni siquiera en este calendario mucho más favorable que el anterior la vida humana y todas sus huellas abarcaría más de un segundo. Seguiría siendo de fracciones de segundo del último segundo del año.

No ocupamos espacio en la línea temporal de la Tierra. Ni siquiera conocimos a los dinosaurios cuando antecesores de otras especies como las libélulas volaron entre ellos. Sin embargo, el ser humano con su actuar indolente e irresponsable, está causando un caos ecológico que en pocos años llevará a la destrucción del planeta en el que prácticamente acaba de poner sus pies. Eso implica no solo su desaparición, sino que antes que ésta irremediablemente ocurra, habrá exterminado a muchas otras especies animales y vegetales, únicas en el sistema solar y probablemente únicas en la galaxia o el Universo.

Según Víctor Hugo, el gran escritor francés… “… de todas las cosas que Dios ha creado ninguna como el corazón humano desprende más luz y a la vez, más sombra”. Nuestro fin no será el hambre, la miseria, las enfermedades, o la guerra… males de por sí, terribles, pero siempre habrá quienes por distancia, posición económica, o nivel cultural puedan librarse, aunque sean la minoría de la humanidad. Lo que nos matará es nuestra miseria espiritual que nos ha llevado a una crisis ecológica irreversible e inevitable. Olvidar que todos pertenecemos a la Tierra y no lo contrario.

Y cuando eso finalmente ocurra, independientemente del caos ecológico que hayamos establecido como especie, nuestro planeta se librará del principal contaminante y degradador de su ambiente. Y cuando pasen millones de años sin humanos todo lo natural habrá sido regenerado, ya sus ríos y mares estarán limpios, sus bosques renacidos, su aire puro. Los animales vivirán y se desarrollarán naturalmente en su hábitat que en lugar de desaparecer se agrandará y se verá limitado únicamente por las condiciones climáticas o geográficas. La naturaleza ocupará los espacios donde alguna vez estuvimos y de nosotros no quedará la más mínima huella.

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