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Es un mar que no moja ni hunde nada.
La roca que se queda con la arena adentro
a falta del golpe de una ola.
Es un día cosido al otro día.
Una noche con un sol que parte piedras.
Una luna fija en el menguante.
Es la mitad del viento que me queda.

La tierra sin hormigas,
el vino sin pan,
el rocío sin jardín ni rosa.
El hijo que no deja de mirarme a los ojos
aún cuando los cierro.

La lluvia va cayendo no sé donde
en medio de la lluvia.

Junto mis manos sin nada dentro de ellas.
Detrás
el reloj marca eternamente los pasos del silencio.

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