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Al otro día, Ana se levantó y abrió rápidamente su ventana y sonrió satisfecha. ¡Su plan, había funcionado a la perfección! La moneda ya no estaba allí, pero su columpio estaba intocable y seguía anclado al piso. Y durante toda esa semana no tuvo contratiempos para llevarlo adelante pues su mamá le regalaba una peseta de mucho dinero todas las mañanas y ella la ponía en el bolsillo de su bata para usarla por la tarde, luego de la comida. Es verdad que se parecía mucho a la peseta de mucho dinero del día del día anterior, pero quién sabe, su mamá a lo mejor tenía muchas y ella no pedía demasiado tampoco, con una sola diaria le bastaba. Todo iba bien hasta que una tarde, en medio de la comida balanceante, pensó que quizás lo que pasaba era que Tragametales y Barrilsinfondo no tenían abuelita que les diera la comida y por eso uno siempre tenía hambre, porque no es lo mismo comer solo que con la abuelita. Además, como Tragametales era hermano de Barrilsinfondo le tocaba la misma abuelita, entonces tampoco tenía quién le explicara dulcemente qué se puede hacer y qué no y sin pensar, seguramente se comió el columpio que les correspondía.

Entonces Ana no supo qué hacer. Ella les hubiese regalado con gusto el suyo para que ellos fueran también felices aparte de gigantes, pero ella no podía desprenderlo del piso. Además, aunque nunca los había visto, no iban a caber en él, porque si su papá ya no cabe, menos cabrían ellos que son dos y son gigantes. Pensó que quizás les podría prestar cada tarde a su abuelita, pero ella camina muy despacito y no iba a tener tiempo de ir y regresar y ella se moriría de hambre esperando para comer, porque los platos de aquellos deben ser platos muy grandes y habrá que hacerles también cuentos muy grandes y todo eso demoraría mucho y cuando su abuelita regresara ella ya estaría dormida sin su beso de buenas noches, sin comer y sin historia.

Entonces Ana se acordó de Tonito. Él es un niño que vive al doblar la esquina y no tiene abuelita, vive solo con su mamá. Antes, Tonito no tenía amigos, era un niño triste al que ella veía detrás de la reja de su ventana al pasar por la acera cuando su abuelita la llevaba al parque. Un día, Ana lo invitó a ir con ellas, su mamá lo permitió, y en el parque estaban Pedri, Osvaldito y Susana y han jugado tanto desde entonces que ahora Tonito es un niño normal que ríe, salta y corre.

Lo que podría pasar si un gigante ríe, salta o corre ella no lo tenía muy claro, pero pensó que si iba al Castillito y los invitaba al parque, quizás ellos podrían estar felices sin abuelita propia, como era Tonito, que iba al parque y era feliz de mano de otra abuelita. Fue entonces al final de su calle y enrumbó por el campo de la hierba siempre podada y las mariposas que rodean la ciudad y se acercó a la casona de la loma.

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