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Mañana no seré yo: / otro será el verdadero.
Y no seré más allá de quien quiera su recuerdo.
Miguel Hernández
Cancionero y Romancero de Ausencias

Esperaba a unos amigos de Camagüey que venían a un festival de cine que se hace en mi ciudad. Ella vino entre ellos. Compartimos pocos días y mis oportunidades de acercarme fueron pocas, pero las que tuve, las aproveché bien. Antes de irse los acompañé a la terminal y por primera vez me alegré que el tren de paso viniese atrasado. Conversamos mucho. Los demás se fueron con un pretexto para otro lado pues era evidente que necesitábamos prestarnos mutua atención con calma y privacidad. Había participado en el evento con un ejercicio crítico sobre las producciones conjuntas del cine cubano con el de otras nacionalidades y específicamente el centro de su análisis era la película Habana Blues. Yo la había visto y tenía mis criterios al respecto, que ya en un espacio menos oficial era más cómodo analizar, sin un jurado escuchando ni otros ponentes listos a opinar. Éramos solamente nosotros y el sentimiento. Me gustó aquella muchacha, me gustó su físico y su mente, sus ojos que brillaban intensamente. Hablamos mucho de poesía. Le dije de Miguel Hernández y me dijo que no lo había leído, quedó tendida entonces la promesa de mandarle digital el libro Cancionero y Romancero de Ausencias, para mí, adorable e imprescindible. Y llegó su tren, compartimos direcciones y partió.

Por supuesto, cumplí mi palabra, pero cuando lo imprimí para enviárselo pensé que era algo muy poco original. Eso lo hace cualquiera, imprimir y mandar. Y ese no era mi objetivo, yo quería llegar más allá y necesitaba un acto que demostrara dedicación y al mismo tiempo garantizara que fuese original, único, no vivido antes por ella.

En esa época yo trabajaba lejos. Me quedaba solo en un apartamento prestado y venía a mi casa los fines de semana. No tenía en qué emplear las noches y se me ocurrió una idea: le mandaría el libro, sí, pero escrito a mano. O sea, lo transcribí y se lo fui enviando poco a poco. La primera carta tenía dentro unos pétalos de rosa, nada más. No explicaba nada, ni había nada más adjunto que los primeros poemas del libro, a mano y a lápiz. Rondan los 100 poemas en dependencia de la edición que se trate y fueron 16 cartas en total. Luego de esto, volvimos a vernos y vivimos una corta relación amorosa que guardo con inmenso cariño. Es muy poco probable que alguna vez en su vida otro amante repita el acto de transcribir para ella un libro completo de poemas y es absoluto que yo no volveré a hacerlo, pues en el amor me gustan los actos únicos e inspirados que hacen que mi mundo interior crezca y yo recuerde.

Esa muchacha me dijo frases de pocas palabras que atesoro entre las cosas más bellas que alguna vez me ha dicho una mujer. Eso vino de ella. Tampoco olvido las noches que dediqué, tirado en el suelo, a pasar de un papel impreso a otro con un humilde lápiz un libro de poemas. Son cosas que no se hacen dos veces en la vida.

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