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Y tú, Muerte, hermana del martirio
Amada misteriosa
Del genio y del delirio
Mi mano estrecha, y siéntate a mi lado.
José Martí

Ven y muérdeme el aliento.
Haz que sangre todos los golpes de la noche.
Pon tu mano de hierro sobre mi irreverente y tibio corazón.
Sería divino si el frío reordenara mis huesos y mis sueños.
¿Tendrías el valor sabiendo
que todavía puedo hacerte agonizar?
¿Podríamos encontrarnos sin matarnos más allá?
Preciso que tu nombre hecho verbo taladre los aullidos.

Si te dejo abrirte paso entre la luz, siente
y reconoce tú mi piedad y tenla a su vez conmigo.
Llévate lo exacto de mi mesa.

Prometo no besarte ni vigilar tus pasos.
Quedar tan solo de ti cuando te vayas
que al volver la cabeza no vea más
que el presentimiento infiel del amor o de la nada.

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