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Sólo cuestión de esperar a que aparezcan.

Cuando el mundo tiene la capacidad de mutarse interminablemente es cuando me topo con alguna puerta. A veces es una solitaria hoja a pleno sol en el sin fin de la llanura, otras son un ejército en espiral que me rodea sin palabras en la arena del desierto. He aprendido que tras ellas puede habitar lo más insólito en el paisaje más inesperado. No hay lógica detrás, nada es anticipable. Una puerta es solo una apariencia desligada del lugar irrepetible al que abre paso. Nunca sé el tiempo que pueda estar del otro lado y siempre regreso aquí aunque allá me muera, listo para recomenzar.

No he salido de mi pequeño refugio que es al mismo tiempo todo el universo que he podido ver. Aquí surgí, oyendo junto a mi corazón el de esta criatura que me lleva dentro y me habla dulcemente. Floto, escucho, levito. Como buzo en el océano o pequeño astronauta en el espacio libre me muevo en paz, observo y siento, atada mi vida por un cable a su ternura. Sé más que lo que ella imagina e ignoro las razones. No me cuestiono la evidencia sino que me rindo a la fascinación.

Al caer la noche, cuando descansa, yo también lo hago y sin moverme vuelo en libertad de pasto en pasto. Abro una puerta y mi sueño estalla.

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