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Tanmy Lopez

se me pega bailando traviesa, mami fuerte que a mí me fascina… 
asesina, vitamina, la proteína me mata detrás de la cortina… 
dosis, me tomo bencina, super femenina cuando prende las turbinas…

Wisin y Yandel 

Daniela entra a la oficina y pregunta por su mamá. Solo está mi hermana que le dice que la espere, que ella fue a otro departamento y regresa pronto. La niña es ya una adolescente, tiene trece años y se sienta en el buró libre a que pase el tiempo. Lleva en sus oídos unos audífonos blancos que contrastan con su largo pelo negro y rizado. Tania sigue trabajando. Por unos minutos no se hablan pues está concentrada en su computadora y también sus orejas lucen audífonos conectados estos al canal de salida de su equipo. Para ambas solo existe por unos instantes la música que cada una escucha como único sonido de este mundo.

– ¿Qué…? – dice Daniela cuando ve que Tania se quita los suyos y algo le dice intentando sobrepasar inútilmente la barrera de los personales decibeles.

– Te preguntaba qué estás oyendo.

– Ah… Wisin y Yandel.

La pregunta fue intencionada y la respuesta que resultó nada sencilla para el escondido propósito tampoco sorprendió del todo. Sabiendo ahora a qué se estaba enfrentando le hizo entonces la propuesta con la mayor naturalidad posible:

– Mira, escucha esto y vamos a ver qué te parece – y sin más palabras sus manos le ofrecen el audio a la joven.

Daniela deja su reguetón puertorriqueño sobre la silla, va donde mi hermana y se conecta con una nueva melodía. No pasa un minuto y exclama:

– ¡Ay, qué lindo! ¡Me gusta! ¿Y ella quién es? ¿Es de “afuera”?

– No, es una cubana, se llama Tanmy López.

Lo que estaba oyendo ahora sonaba completamente distinto. Sobre una elaborada melodía una voz de mujer, clara como la mañana, interpretaba un son desconocido para ella.

– Tú no conoces esas letras. Son poemas de Rubén Martínez Villena musicalizados.

Era también una parada alta. Si bien ella conocía a Rubén no era precisamente como poeta. Por sus clases de Historia de Cuba sabía que este intelectual de efímera existencia plantada en el primer tercio del siglo XX fue secretario personal del etnógrafo Don Fernando Ortiz, protagonista de la Protesta de los Trece, organizador y participante junto a Julio Antonio Mella de la Universidad Popular José Martí y la Liga Antimperialista de las Américas. Miembro en 1927 del Partido Comunista este joven abogado llega a los estudiantes más como personaje de la política que como hombre de rima refinada cuando esta fue su compañera indisoluble. El disco de Tanmy López –La luz es música- es una joya que lleva su poesía a las notas de modo que una parece hecha para la otra y esta muchacha vino a darse cuenta y hacernos un regalo. Lo hace tan bien que parece fácil. La dulzura con que interpreta y hace suyos los versos del bardo hace que estos se transmitan con fuerza inusual a casi un siglo de distancia. Daniela sigue escuchando y su expresión pasa de sorpresa a admiración a deseo:

– ¡Qué lindo ese violín! ¡Qué bien se oye ese piano! ¡Qué bonito lo que canta! ¡Qué voz más linda tiene ella! ¡Ay, cópiame eso aquí! – y va y busca su mp3.

Luego, todo vuelve al principio. Mi hermana vuelve a concentrarse en su trabajo, la niña vuelve a esperar por su mamá y sigue pasando el tiempo de propia banda sonora. Pero ahora su atención está puesta en un bellísimo soneto que a ritmo de cubanía va diciendo:

Toma, toma mi lira; quiero darte 
como recuerdo de mi fe pasada, 
esta lira infeliz que fue mi espada 
y que fue mi broquel y mi estandarte. 

Póstuma ofrenda de mi inútil arte, 
la dejo ante tus pies abandonada, 
aunque a golpes tu planta idolatrada 
con ofendida majestad la aparte. 

Mas cada golpe de tu pie furioso 
le arrancará un sonido melodioso, 
y a tan rudos tormentos y martirios 

acaso corresponda de memoria, 
con una endecha en que cifré su gloria… 
y en la que digo que tus pies son lirios.*

 – ¿Qué…? – dice Tania cuando ve que Daniela se quita los audífonos y algo le dice con mirada vivaz y una sonrisa.

Se quita entonces los suyos para escuchar las primeras conclusiones:

– ¡Que esto me gusta más que Wisin y Yandel! – le grita ella.

* Ironía / Rubén Martínez Villena / 1919

 

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