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para botar

Durante más de un año he estado poniéndole a mi papá tres inyecciones subcutáneas de Interferón Alfa Recombinante Humano por semana, empecé incluso antes de la operación. Como no tengo almuerzo en el trabajo, cada lunes, miércoles y viernes al mediodía llego a casa y hago mi rutina de enfermería: lavar las manos, destrabar válvula de la jeringuilla desechable, preparar algodón, destapar sello de plástico azul del interferón, meter aguja en bulbo y sacar despacio el líquido, hacer que salga el aire, pinchar, presionar vástago, pasar alcohol sin frotar, poner sello plástico a la aguja y tirar todo el conjunto en la basura. Vamos a terminar con las que te quedan, dice la oncóloga después de anunciarle que para ella está de alta por la buena evolución que ha tenido, aunque tiene que seguir viéndose con el cirujano regularmente.

– Papi… y por fin ¿cuántas te pusiste?
– 150… no, 149 porque hubo una que te falló la aguja y se perdió casi todo.
– Sí, es verdad… fueron 149 entonces.

Hoy espero tener esto en mi mano por última vez.

Antecendente: Las manos de la esperanza

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