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Alicia Alonso

Eso pude: eso valgo.
Dulce María Loynaz

Mi ámbito familiar –donde nací y crecí- ha marcado mucho mi tejido espiritual. Mi abuela paterna era Licenciada en Ciencias de la Educación, amante del arte y especialmente del ballet, incesante lectora cuya influencia en mi formación desde muy pequeña fue decisiva y determinante. Mi abuelo paterno, un guajiro de campo que fue alfabetizado con el triunfo de la Revolución Cubana, aún así dueño absoluto de una peculiar inteligencia que maravillaba a todos con su filosofar, con una exclusiva nobleza de alma, labrador sencillo, con muy poca escuela a cuestas pero que vivió dialogando con la naturaleza, bebiendo el vino de la meditación y que templó su espíritu con la exquisita imaginación que tenía, un hombre tan simple como tan grande, es mi paradigma y ejemplo a seguir. Mis padres ambos profesionales, personas sencillas, con una inmensa capacidad para amar. Mi mamá amante de las rosas que cultiva con dedicación en su jardín, mujer sensible, romántica y lectora desde siempre de las novelas de amor de la muy conocida y fallecida escritora española Corín Tellado. En ese ambiente nací, crecí y me formé.

Como les dije al inicio, mi abuela paterna amaba el ballet y me transmitió su amor y su entrega al punto de inducirme por ese camino cuando apenas medía yo unos escasos ochenta centímetros. Todos en casa me rodeaban en pequeñas tertulias nocturnas y yo actuaba como en el más espectacular escenario del mundo, recibiendo de ellos una ovación cerrada y hasta ramos de flores silvestres ponían en mis manitas, que mi abuelo se dedicaba a recoger para mí durante el día. Así de maravillosos fueron mis primeros pasos que más tarde me llevaron a entrar en la Escuela Vocacional de Arte. Me fascina –porque todavía hoy me fascina, me envuelve, me atrae, me atrapa- esa danza en la que el cuerpo levita, vuela, se escapa de lo cotidiano y se convierte en la mágica fórmula para llegar a donde quieras; porque el ballet es eso: MAGIA. Es algo divino e indescriptible que nace en un espectáculo que engloba pintura, poesía, música y danza. Son muy gratos los momentos que recuerdo usando el tutú y las zapatillas, en festivales de la Escuela Vocacional de Arte Raúl Sánchez, en galas y homenajes en el teatro José Jacinto Milanés de mi ciudad, en muchos de los actos provinciales en conmemoración al triunfo de la Revolución.

Así el ballet y yo nos fundimos en un inmenso mundo que hasta hoy disfruto y vivo con cada fibra de mi alma sin embargo, cuando tuve la oportunidad de crecerme profesionalmente con él, lo abandoné.

-*escrito por Jazbell*-

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