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mejor... imposible1

Melvin padece de un trastorno obsesivo compulsivo. Camina sin pisar jamás una junta de losa, se extrema usando guantes cuando está fuera de su casa, su mal carácter y su sinceridad son de lujo. Carol es la camarera que normalmente lo atiende donde suele almorzar, ella sabe cómo manejarlo y él sale complacido. Las demás camareras también salen complacidas al no tener que hacerse cargo. Pero por vueltas del destino hoy están en una misma mesa de un distinguido restaurante, juntos, como pareja que va a cenar. Vestido más elegante que de costumbre, la espera que llegue desde el bar.

Luces de maravilla – le dice ella, y lo reitera – luces de maravilla.

No es reciprocada ni por cortesía. Melvin le acerca la silla y no ha llegado a ocupar la suya cuando recibe una esperada invitación:

¿Quieres bailar?

Esa era la intención inicial de la salida que al final derivó en salir a comer pero el retaurante tiene una música agradable y elegantes parejas bailan suavemente en la pista. El ambiente es tranquilo y reservado.

He estado pensando en eso desde que lo mencionaste – responde él.

¿Y? – ella se dispone a ponerse de pie.

No – dice Melvin muy tranquilo y se sienta.

Carol sufre la contrariedad pero, tratándose de este personaje, se traga la molestia y la intención, concentrándose entonces en la cena. Es un poco decepcionante pues ella tuvo que esperar a que él comprase en una tienda un traje y una corbata para la ocasión pues lo exigía la etiqueta y obvio que uno de los disponibles allí jamás se lo colocaría sabiendo que otros lo hacen. De ahí vino entonces el inadecuado comentario:

No entiendo este lugar. A mí me mandan por una chaqueta nueva y a ti te dejan entrar con un vestido ordinario.

Demasiado para una mujer, incluso para Carol que es especialista en Melvin Udall. Se pone de pie inmediatamente y se alista a dejarlo plantado. Como es lógico, aquel no ha entendido nada, displicente en el hablar como ha sido siempre.

¿Qué?! ¡No, espera! ¿Por qué? ¿A dónde vas? ¿Por qué?

Ella se queda mirándolo y no dice nada. Él se da cuenta que a lo mejor ha dicho una estupidez.

No me entiendas mal. Siéntate. Échame una mirada que me mate, pero siéntate.

Dirígeme un cumplido, Melvin. Necesito uno, pronto. No tienes idea de lo que me has herido con eso que acabas de decir.

Al instante que alguien entiende que lo necesitas, te amenaza con irse – esa conclusión saca él y aparta la servilleta.

Un cumplido es algo bonito sobre otra persona – dice Carol destapando la ironía – Ahora o nunca.

¡Esta bien! – responde él mientras con gestos le pide que se siente de nuevo.

Ella accede. Vuelve a su lugar, lo mira y lo condiciona.

¡Y que sea sincero!

Tarea complicada para él porque teme equivocarse otra vez, para lo cual tiene casi todas las probabilidades. Se frota las manos, se desespera y encuentra una momentánea solución para ganar algo de tiempo.

¿Podemos pedir primero la cena?

Carol no dice una palabra, asiente y espera. Melvin, inadecuado e inadaptado como siempre y en cualquier circunstancia le grita al camarero lo que desean cenar. Después se vuelve hacia ella y con la solución ya en su cabeza le dice:

Ahora te voy a dirigir un cumplido excelente y que además es cierto.

Temo que me digas algo horrible – le dice ella, sabiendo que es casi al seguro.

No seas pesimista. No es tu estilo… Bueno, allá voy. Tengo una… indisposición – así suaviza y admite su condición compulsiva y errática y continúa – Mi doctor, un psiquiatra con el que iba todo el tiempo, dice que en un 50 o 60 % de los casos una pastilla ayuda mucho. Yo odio las pastillas. Son peligrosas las pastillas. Las odio. Estoy usando la palabra “odio” acerca de las pastillas. Odio. Mi cumplido es que hace poco empecé a tomar las pastillas.

Carol sigue insatisfecha. No hay ninguna barbaridad pero tampoco ve la galantería que al parecer es evidente para Melvin porque ya dijo lo suyo.

No entiendo dónde está el cumplido para mí.

Tú me haces querer ser un hombre mejor – concluye él.

Ella se queda extasiada, no esperaba algo así. De pronto el odio a las pastillas y el retomarlas cobró un hermoso sentido. Queda sin voz, y Melvin la mira inquiriendo porque no sabe si ha acertado o se le va a escapar definitivamente.

Quizás ese sea el mejor cumplido de mi vida – reconoce Carol.

Él sonríe y se alegra de haber acertado, ya pueden cenar juntos en paz.

Quizás exageré un poco. Estaba tratando de evitar que te me fueras – reconoce y se ríen, también juntos.

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