Etiquetas

, , ,

che-guevara

Primer año de mi carrera. Nos habían entregado el ala derecha del comedor de la Universidad para diseñar un salón de exposiciones. Podíamos exponer lo que quisiéramos y las elecciones variaron desde cuadros hasta autos deportivos. Como éramos cachorros de arquitecto vino un señor a darnos una charla. Tenía mucha experiencia en museología y disertó de una manera muy familiar y distendida sobre el arte de concebir una exhibición de algo. Insistía en la necesidad de una idea, una guía, una pequeña máxima personal sobre la que el diseñador debe fundamentarlo todo. Con la misma humildad con qué había dado toda su clase de dos horas nos puso un ejemplo. Nos dijo que cuando llegaron las manos del Che Guevara a Cuba se pensó mostrarlas al público de manera permanente y formó parte del equipo que tenía la responsabilidad de llevar a cabo aquella tarea que nunca fue concretada pues la norma que se propusieron no hubo manera de cumplirla ni espíritu de cambiarla. Era imposible congeniar la crudeza del hecho con que las manos del Che no asusten a un niño.

Anuncios