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alfredo y toto

Escena de Nuovo Cinema Paradiso en que el viejo Alfredo le cuenta a Totó sobre la princesa y el soldado.

En una visita de rutina a la librería vi una convocatoria para un curso de técnicas narrativas que será cada último sábado del mes a lo largo de un año. Fui al segundo encuentro porque el primero ya había pasado. Mi interés no es hacerme escritor sino mejorar en lo que escribo, sobre todo para el blog, aunque –curiosa o irónicamente- algunos textos de él sufran alguna transformación para poder ser llevados al taller. Fui con pocas expectativas porque siento que últimamente tanto para poesía como para narrativa mientras más enrevesado seas, mejor eres y no me interesa para nada ese estilo. Afortunadamente, para quien imparte el taller tampoco y eso nos hace sentir más tranquilos a todos porque podemos manifestarnos cada uno con mucha libertad en la expresión y con énfasis en las particularidades de cada cuál. Para el siguiente encuentro pidieron que lleváramos algo para leer y voy a pulir un poco la forma de Black Sabbath: los golpes en el yunque para que sea mi texto de presentación. También nos pidieron que lleváramos un párrafo narrativo de más de diez líneas sin adjetivos. Aunque dicen los que saben que también los pronombres posesivos hacen función de adjetivos al menos las formas adjetivales más puras –por decirlo de algún modo- las privé de mi ejercicio que está basado en una historia contada en el filme Nuovo Cinema Paradiso del director italiano Giuseppe Tornatore, así que el mérito de lo que van a leer a continuación no me pertenece, aun así, espero que les guste y busquen la película, la hayan visto o no… es una invitación que siempre vale la pena.

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Lo miró con desdén y desde su estatura de princesa le dijo al soldadito que accedería a casarse con él si permanecía un año bajo su balcón. Aquel no dijo nada. Dejó sus armas en el cuartel y se fue al pie de palacio con un banquito, un jarro y un mantón. Primero fue el castigo del Sol y de la luz, el resplandor que abraza y adormece. Vino la lluvia a borbotones, la humedad en los huesos, las gotas en el alma. Meses después de viento, polvo y hojas que daban vueltas como vueltas le daba la cabeza. Detrás invierno de nevadas puestas a propósito para quebrar su voluntad. Y al fin, la primavera. Ya se contaba en días el tiempo que quedaba y las mañanas eran las del preludio: cada vez más claridad, más flores, más colores. La princesa había visto todas las estaciones caminar sobre él y cómo sin queja había soportado y permanecido pero solo cuando quedaban unas horas para el final de la prueba se dignó a salir y mirarlo públicamente. Entonces el soldadito alzó su frente y esperó. A punto de expirar el plazo gastó las fuerzas que le quedaban en ponerse de pie, coger el banco, el jarro y el mantón e irse calle abajo, a su barraca.

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