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The Border

El tranque es en otro borde… esta es la frontera de la meta.

El atasco y aglomeración de cubanos en la frontera de Costa Rica con Nicaragua es una novela de intrigas sin final predecible, al menos con coherencia. Si la comparamos con las grandes crisis migratorias cubanas del pasado en la Cuba revolucionaria, esta tiene sus características muy particulares. Por primera vez el escenario no es entre la isla y los Estados Unidos con el Estrecho de la Florida como teatro principal sino que está transcurriendo en suelo de otros países. Los implicados salieron de Cuba de manera legal hacia Ecuador, pero después transitaron de modo ilegal –o sea, fuera de la ley- por Colombia, Panamá y Costa Rica: en su recorrido han pasado, hasta ahora, por tres naciones, cruzado tres fronteras e intentado  forzar una cuarta.

Uno de los recuerdos que tengo de pequeño es ir de la mano de mi abuelo gallego por la calle y vernos de pronto atrapados en un mitin de repudio en 1980. Hasta hoy recuerdo el susto de infante ante aquella multitud que gritaba, arrojaba huevos y prácticamente tenía en asedio una casa que nunca he olvidado, cada vez que paso por allí recuerdo esa amarga experiencia. Fueron tiempos donde se vivió, se miró y se trató de manera agresiva a quienes pensaban diferente y querían emigrar, fundamentalmente a Estados Unidos. La entrada violenta y la muerte del custodio de la Embajada de Perú en La Habana desencadenó una crisis donde los que se marchaban lo hacían porque así lo deseaban pero fueron maltratados y vejados en muchos casos. Los de ahora salieron legalmente de Cuba hacia Ecuador, tienen todos sus documentos en regla y pueden regresar si así lo desean. La diplomacia cubana ha tramitado con su par de Costa Rica la identificación y el pasaporte de estas personas para que estén en regla ya que algunos los habían extraviado o los traficantes se los habían quedado. O sea, no fueron echados ni se le prohíbe regresar.

Siempre, tanto en Camarioca, Mariel como en balseros, la crisis ha sido parte de la historia de tensión entre Cuba y Estados Unidos y ha implicado directamente a ambos gobiernos que han tenido que arreglárselas a su manera entre ellos y buscado una solución que al final siempre ha aparecido pero siempre ha sido un asunto bilateral bastante directo, descontando quizás la participación decisiva de la sede diplomática peruana en 1980 en la generación de la misma. En este caso los cubanos han quedado atrapados en medio de un conflicto fronterizo serio que tienen Costa Rica y Nicaragua que antecede a esta situación y que ha llegado a discutirse en sus diferentes versiones en la Organización de Estados Americanos y ha sido presentado incluso ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. La antigüedad de este diferendo fronterizo hay que buscarlo en las primeras décadas del siglo XIX, así que cuando Nicaragua considera que Costa Rica agredió la integridad de su frontera al lanzarle miles de cubanos que estaban en su territorio y forzarlos por la fuerza a regresar estamos viendo otro capítulo de una añeja amargura donde nuestros nacionales están atrapados.

Por supuesto que la solidaridad con quienes sufren está entre los valores humanos más dignos, pero vale la pena hacer ciertas aclaraciones y mirar con rectitud los acontecimientos. No es lo mismo el emigrante que huye de la guerra, del terrorismo, del fundamentalismo al emigrante que por su voluntad elige lanzarse ilegalmente a una aventura.

Entre Cuba y Estados Unidos hay migración ordenada. Incluso es posible emigrar de Cuba a otros países, no solo a Estados Unidos. Lo que no es posible es emigrar ilegalmente a otros países excepto a Estados Unidos donde los cubanos tenemos el privilegio universal de si logramos entrar de manera ilegal tener derecho a residencia y trabajo, incluso si con anterioridad se fue rechazado en la Embajada de ese país en La Habana. Dicho de otro modo: cubano que no clasifica como emigrante –cada país pone sus requisitos y elige como desea el control de su frontera y flujo migratorio- en la Embajada de Estados Unidos en La Habana y decide entonces hacer una arriesgada travesía por tierra o por mar y no es detectado en el instante de penetrar la frontera sino ya dentro de territorio norteamericano al que entró ilegalmente es admitido, se le concede residencia y trabajo, esto, repito, a pesar de haber sido antes rechazado por las autoridades encargadas de la admisión, regulación y control del flujo migratorio.

Entonces hay una enorme diferencia entre los sirios que huyen de la guerra y los cubanos que se lanzan a buscar el premio a la ilegalidad. Hay un sentido primario de responsabilidad que no se puede esconder ni apartar. No se puede acceder a ser blanco o víctima del tráfico de personas, sabiendo conscientemente que se está incurriendo en delito y luego parecer que se está libre de pecado. Nicaragua se niega a prestar su territorio para el tráfico ilegal masivo de cubanos. No tengo la menor duda de que antes pasaban cubanos ilegalmente por allí y seguramente los oficiales nicas se hacían los de la vista gorda, pero no es lo mismo cientos que miles y lo que siente el gobierno de Nicaragua es que Costa Rica –donde se desarticuló una red importante de traficantes de personas- al verse con ellos dentro decidió legalizarlos y pasar la pelota, o lo que es lo mismo: hacer cómplice a otro gobierno de tráfico ilegal de seres humanos. Este gesto ha sido interpretado como una agresión y así se ha cerrado sobre este grupo de cubanos una trampa que quizás en otro punto geográfico no hubiese sucedido y las malas intenciones afirman –sin prueba alguna- que el gobierno de La Habana ordenó a Nicaragua no solo cerrar el paso sino aprovechar y darles una lección con balas de goma y gases lacrimógenos por querer emigrar de Cuba. La realidad es que se ha combinado la presumible derogación de la Ley de Ajuste Cubano que origina el éxodo de miles de ilegales con un escenario de conflicto fronterizo que va más allá de los nacionales cubanos implicados y llega a un lugar de ásperas relaciones limítrofes entre dos naciones que no son ni la emisora ni el potencial receptor.

Soluciones que no sean violar leyes y convertirse en cómplices y propiciadores de tráfico ilegal humano no hay otra que no sea la que Cuba ha propuesto: regresen. Pero la realidad es que no quieren regresar porque no han sido expulsados sino que se han marchado por su voluntad y legalmente y muchos han apostado todo lo material para cumplir el objetivo de llegar a los Estados Unidos: es una situación personal muy difícil y compleja. Tienen sus papeles en regla pero quizás ya no cuentan con los fondos necesarios para el regreso y si lo tienen no tienen a qué regresar o simplemente, no quieren regresar. Increíblemente, las noticias dicen que siguen llegando a Costa Rica más ilegales cubanos y ya se habla de tres mil. Quizás estaban dentro y progresivamente se han sumado o la red que se inicia en Ecuador y avanza hasta Panamá sigue activa y funcionando porque la esperanza está en ser más para encontrar una salida que los lleve a su destino. Esa tendencia, que no sabemos si es permitida o no ha sido controlada por Costa Rica, presiona cada vez más a ese gobierno porque solo hasta un punto podrán estar en su territorio. Nicaragua ha pedido se alejen las facilidades de albergamiento de la frontera para evitar tensiones y mantiene su negativa de que pasen ilegalmente por su territorio. Los ticos permiten que esa acumulación de personas siga aumentando en una localización tradicionalmente disputada y convulsa como gesto quizás, de desafío. La reunión extraordinaria del Sistema de Integración Centroamericana en San Salvador culminó sin acuerdos y ya Ecuador anunció que pedirá visas a los cubanos que deseen viajar a dicho país. Todo sigue igual: el final es impredecible, ojalá no sea un final dramático.

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