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La entrada comenta y revela elementos de la película Spotlight.

Si no la ha visto y no desea adelantos, no continúe leyendo.

VA POR SEIS NOMINACIONES A LA ENTREGA DE PREMIOS OSCAR 2016

Mejor película: Tom McCarthy

Mejor dirección: Tom McCarthy

Mejor guión original: Tom McCarthy y Josh Singer

Mejor actor de reparto: Mark Ruffalo

Mejor actriz de reparto: Rachel McAdams

Mejor montaje: Tom McArdle

Basada en hechos reales, reza –y vaya verbo!- al principio. Martin Baron, un nuevo editor jefe, llega desde otra ciudad al The Boston Globe con el principal interés de: “… encontrar la manera de convertir el periódico en esencial para sus lectores.” Con esta justificación se introduce el grupo Spotlight, formado por cuatro periodistas que investigan a fondo por más de un año determinado interés y mantienen confidencialidad en su trabajo al pasar la información al diario. En la primera reunión con sus editores el nuevo mandamás enfoca la mira sobre el caso Geoghan, un sacerdote católico que abusó en su tránsito por seis parroquias de la ciudad sobre unos ochenta niños en un período de treinta años. El abogado de las víctimas afirma que puede probar que el Cardenal de Boston lo sabía desde más de una década atrás sin tomar acción. No se le dio seguimiento periodístico al caso a pesar de su ineludible interés local: aquí parece haber un hueso con algo de carne para morder que ha sido apartado por los sabuesos. Los documentos legales permanecen sellados por la Iglesia y Baron plantea la posibilidad de demandar judicialmente el acceso público a ellos; muy diplomáticamente le carga la tarea de hurgar a Spotlight a pesar que el grupo asume su éxito a la libertad para escoger los temas a seguir. Ahora los deja sin opción: todo lo demás queda para después.

Es cierto, esta película narra el cómo se puede llevar adelante un periodismo de investigación y llevarlo a feliz término. La película que todo periodista debería ver, dicen algunos del gremio. Pero, aparte de tomar ejemplos y sacar productivas conclusiones, hay un más allá en las dos horas de metraje. Sin duda, se trata de una investigación a fondo contra una poderosa institución como lo es la Iglesia Católica y el valor del dinero, del negocio, del interés tras la noticia escandalosa vista como caldo de inversión y no como bien social. O al revés: el bien social como apuesta a que la noticia fijará ojos en el papel impreso y garantizará ventas y rating. La preocupación de los asesores legales es precisamente si vale la pena ir tras la Iglesia, que es jugar al duro, cuando el 53 % de los lectores potenciales de The Boston Globe son católicos y será imposible que pase desapercibido el tema para ellos. Cada quién sabe cuál es su responsabilidad pero al mismo tiempo sabe cuál es la de los otros: un editor jefe decide con olfato donde está la mejor noticia y los periodistas de campo son los que van tras ella y de la mejor manera la rastrean, la confirman, la descubren. ¿Hasta qué punto saben que están tras una información que hará que sus lectores se peguen y se pasen “su” periódico de mano en mano y al mismo tiempo que “su” trabajo tendrá una repercusión social directa, palpable, transformadora? ¿Cuántos intereses pueden estar detrás de qué un camino sea escogido, revelado o torpedeado por agentes internos o externos? La parte sólida de toda la película es lo complicado y desafiante que puede ser para un trabajador de la prensa ir y arañar lo necesario para ganar en fuerza y poder doblar posteriormente brazos más fuertes y llegar a la verdad dura, esa que parece solo ser verdad cuando se imprime y lanza.

Casi a punto de revelarse el resultado al público el equipo se cuestiona la actitud de un abogado que defendió a algunos sacerdotes pedófilos y pudo haber salvado algunas víctimas si hubiese revelado el escándalo tiempo atrás. En medio de ello salta la inesperada pregunta del jefe de Spotlight: “¿Qué hay de nosotros?” Años antes The Boston Globe había recibido toda la información para entrarle por los codos a esta misma historia y no lo hizo. Fue enterrada, apartada, no priorizada. No se explican cómo pudo pasar desapercibida lo que en este momento se está previendo sea una bomba noticiosa. Y fueron ellos mismos lo que se dejaron cantar el strike sin hacerle swing. A lo largo del año 2002 publicaron más de 600 historias de sobrevivientes a abusos sexuales, 249 sacerdotes fueron acusados públicamente en la Arquidiócesis de Boston donde se estiman en más de 1000 las víctimas. Reportes de abusos significativos han sido reportados en 208 sitios dentro y fuera de los Estados Unidos que pasan apilados en doce aplastantes columnas al final del filme. Pero ellos, los que lo destaparon, disponían de todo lo necesario para haberlo hecho antes. ¿Cuántos intereses pueden estar detrás de qué una historia sea conocida o torpedeada? ¿Cuántos de esos intereses son internos? Y si va a ser conocida… ¿cuáles disponen el cuándo?

En eso me dejó pensando Spotlight.

 

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