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bajaras cuba

Dicen que no es uno sino tres los aviones que se esperan en La Habana, con 850 personas, sin contar a la prensa, acompañando a Barack Obama en su viaje a Cuba. Si fuera un jugador de póker estaría más que satisfecho porque sus cartas son, pase lo que pase, ganadoras.

Va a quedar para la historia como el primer presidente estadounidense en funciones en viajar a la isla después del Triunfo de la Revolución y lo hace corriendo a un lado todas la exigencias que las barras y las estrellas le imponían a la islita caribeña para considerar sentarse a conversar. Al fin y al cabo, sin ceder en su soberanía y autodeterminación, la Llave del Caribe se apresta a recibirlo. La jugada está sustentada en una opinión pública interna que aprueba el acercamiento, incluso entre la comunidad de Miami, bastión de la derecha anexionista cubana, hay mayoría que aprueba mejores relaciones. Obama está moviendo fichas en un terreno con aprobación previa.

Nos está regalando algunas medidas ejecutivas que alivian la política genocida de hacer que un gobierno extranjero pierda apoyo causando hambre y enfermedad en su población. Cada movimiento en ese sentido también está calzado con índices favorables de asentimiento internos y, sobre todo, externos. Las sanciones económicas para intentar transformar los destinos de otra nación, privilegio de los poderosos, es un camino que está absolutamente rechazado. El bloqueo no tiene otro fin que perecer y dicen los que saben que ya la cosa no es si cae o no sino cuándo lo hará: contribuir al desmerengamiento de lo que ya no tiene bases ni siquiera morales es el mérito del oportuno empujoncito.

Si Cuba prospera gracias al levantamiento del cerco económico estadounidense y sigue siendo un país socialista con su propio proyecto o experimento social, con soberanía y autodeterminación, apegado a los principios que como nación le han hecho ganar reconocimiento global explotando y desarrollando sus potencialidades, Obama sería recordado como el líder estadounidense que inició el fin de una etapa de ensañamiento obsesivo y guerra sucia de una superpotencia contra un país mucho más pequeño al que no pudo rendir.

Si Cuba prospera y avanza a una economía de mercado donde prime el neoliberalismo y el Estado pierda su papel rector y el socialismo termine colapsando como sistema social y los tipejos asalariados del yanqui ascienden al poder y ponen en las garras del águila la bandera nacional y el suelo patrio, sería recordado como el líder estadounidense que inició el cambio de estrategia para al final terminar con la isla comunista que tantos dolores de cabeza les dio por cinco décadas, a la que le organizaron invasiones, guerra biológica, mediática y económica sin obtener los resultados que él, con su giro a la mano suave, finalmente logró.

Obama está siendo oportunista y no lo digo en mal sentido: el buen político debe saber, como marinero en alta mar, que brisa lo llevará a costa segura. Sabe que cuando Air Force One toque pista en La Habana habrá quedado para la historia dejando el futuro a otros que ya se verá qué hacen con él, pero de donde no podrán sacarlo.

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