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cubanos-en-angola-1989-1Domingo 7 de diciembre de 1975

Después de desayunar nos trasladamos vestidos de civil al teatro de La Cabaña. Allí escuchamos una grabación del Comandante en Jefe hecha durante un encuentro con unos compañeros que partieron hacia Angola en el mes de octubre. En ella Fidel explicaba la situación actual de Angola y la misión que nosotros debíamos cumplir allí. Fue muy emocionante porque además explicó lo que significaba para él, para el Partido y para toda Cuba la vida de un cubano y tocó también la situación de nuestros familiares. Fueron palabras extraordinarias, como nos tiene acostumbrado Fidel. Me acordé mucho de mis seres queridos, también del Che. De ahí regresamos al dormitorio, cogimos los maletines y nos trasladamos en ómnibus al aeropuerto internacional José Martí. Era aproximadamente la 1 y 30 de la tarde. Entramos por la parte de atrás, formamos y nos entregaron los pasaportes junto con la tarjeta de vacunación. Esperamos unos minutos allí hasta que llegó el Comandante Raúl Castro, Ministro de nuestras Fuerzas Armadas. Comenzamos a subir al avión en fila, de uno en fondo. Raúl, junto a la escalerilla del avión acompañado de otros miembros del Comité Central y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, saludaba dando fuertes apretones de manos y diciendo algunas cosas a cada uno. El avión despegó a las 2 y 15 de la tarde hora de La Habana.

Hicimos nuestra primera escala después de cuatro horas y media de vuelo en Barbados con las luces interiores apagadas y las cortinas corridas, a la hora despegamos y nos anunciaron que la próxima escala sería en Guinea Bissau. Después de ocho horas u media de vuelo aterrizamos en Guinea Bissau, donde estuvimos aproximadamente hora y media. De allí salimos rumbo a Luanda, capital de Angola. Llegamos a Luanda a las 10 y 20 de la noche, seis horas de diferencia con Cuba. El viaje, a pesar del tiempo, fue confortable. Comimos y bebimos varias veces. El avión era un IL-18 de Cubana y la tripulación fue muy atenta con todos. Durante esas horas de vuelo pensé mucho en el regreso, en mis hijos, en mi esposa. Nos sentamos juntos Joaquín, Arbelo y yo y también comentamos de Pipo en el viaje. La tripulación se despidió de nosotros al llegar a Luanda, notamos que una de las aeromozas lloraba.

Nos encontramos ya en suelo angolano. El aeropuerto muy grande y bonito pero por todas partes se ven armas y soldados en un ambiente de nación que está en guerra. Allí nos encontramos enseguida con otros cubanos que nos hicieron anécdotas de la guerra y del enemigo. Nosotros tres fuimos a ayudar a descargar el avión, las mochilas, los equipos de comunicaciones y la munición. En el mismo camión nos trasladamos para donde se encuentra el Estado Mayor cubano, a varios kilómetros de Luanda, cerca de la costa. Los demás compañeros se fueron en ómnibus.

Llegamos a un campamento que había sido de los paracaidistas portugueses. Nos ubicaron, nos cambiamos de ropa y fuimos a recibir instrucciones de los equipos de comunicaciones que utilizaríamos, también quedaron establecidas las parejas de trabajo. Yo caí con el compañero Orlando Rodríguez Muñoz, que es de La Habana. Eso fue a la 1 y 30 de la madrugada. De ahí fuimos a dormir.

luanda

Luanda, Angola

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