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basic-instincLa única vez que un policía me ha agredido con su bastón de goma fue en la agitada cola de un cine. Ya habían ido abajo los cristales de la puerta porque a alguien se le ocurrió anunciar a viva letra que se estrenaba Basic Instinc en todo su metraje, “…con las escenas que habían sido censuradas en los Estados Unidos.” La deformada idea de que el país norteño es una sociedad liberal y no conservadora e hipócritamente puritana en temas sexuales se apiñó en la entrada hasta hacerla colapsar, lo que provocó la respuesta policial de organización de fila a golpe de tobillo. Eran los principios de la década del ’90 del siglo pasado y no quería perderme nada de aquella muestra de cine erótico que duraba una semana y donde otros filmes como Amantes de Vicente Aranda eran para mí más esperadas que Basic Instic. Al final entré y comprobé que cuando se devela el objeto prohibido ya nuestra mente transgresora pensó en un más allá disparado por encima de la obtusa que ejecutó censura: Sharon Stone era más sensual vestida y campante que desnuda y templando.

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