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cubanos-en-angola-1989-20Miércoles 11 de febrero 1976

Me levanté temprano y establecí comunicación. Hoy mi hijito cumple dos años. Me acuerdo de él, cuánto diera por verlo, pero estar aquí es una necesidad, además cuando sea mayor él se sentirá feliz y seguro estará de acuerdo con que así haya sido. Mi esposa sabrá hacerle feliz este día. Los quiero y los recuerdo mucho a todos, aún no he recibido carta de ellos. La mañana está fría y con mucha humedad. Las tropas del mayor Dimas se marcharon por la madrugada.

La situación de vida aquí es igual a los otros lugares. Las mujeres con los niños amarrados a la espalda, sin zapatos, y vestidas muy mal con relación a los hombres. A pesar de su incultura tanto los campesinos como la gente de la ciudad son muy sociables y cariñosos. Les gusta hablar con los cubanos. A unos los entendemos mejor que a otros pues además de hablar portugués hablan una especie de dialecto que también tiene mezclado algunas palabras portuguesas.

Es cosa notoria que a excepto de Luanda en las demás ciudades, pueblos y aldeas es difícil ver personas con zapatos y con ropas aceptables. Van harapientos y sucios. Esto es lo que ha dejado el colonialismo en este país, aparentemente tan pobre, pero tan rico en riquezas naturales y en gente buena. A nuestro paso por las aldeas los nativos piden cigarros y comida, tocándose la barriga en señal de hambre.

Orlando regresó al mediodía de Negage. Con ellos vinieron siete blindados más, PT-76 de esteras, muy parecidos a los tanques. Son además anfibios. También vinieron siete tanques T-34.

A las seis de la tarde realizamos la votación a favor de la Constitución, el voto fue directo y secreto, uno por uno todo el batallón. Lázaro y yo fuimos a una especie de plaza que tienen aquí los nativos donde exponen algunos productos de comer como maní, mango y frijoles. Eso es todo. El hambre es insaciable, no hay qué comer. Hablamos con algunos de ellos y nos dijeron que desde hace dos meses lo único que comen es bledo.

A veces es difícil distinguir entre los hombres y las mujeres pues en ocasiones se visten iguales y se pelan corto, solo se diferencian por los senos. Es curioso que aquí la mayoría para no decir todas las mujeres tienen tremendas tetas.

Por la noche, antes de dormir, le hice a mi esposa una tarjeta que me dieron por el día 14. Fui también con Guido a ver un prisionero inglés. Es joven, sobre los 20 años, de pelo rubio y de ojos claros. Es un mercenario pagado por el imperialismo.

pt-76

PT-76, carro de combate ligero con capacidad anfibia

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Tanque T-34

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Damba, Angola

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