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Como en muchos otros países, en el nuestro algunos han sostenido la creencia de que, para curarse de cualquier dolencia, son imprescindibles las medicinas. Ignorando los peligros de reacciones secundarias, haciendo caso omiso de las intoxicaciones por fármacos, desoyendo los graciosos consejos de José Asunción Silva en sus Gotas Amargas, si no se le receta se consideran maltratados.

José María de Cárdenas y Rodríguez  (1) cuenta la sabrosa anécdota del médico que, conociendo la psicología de su clientela, temeroso de perderla, recetaba:

Rpe. Sacari albi: unciam.
Aquoe, distilatoe: libras duas.
Misce et addes syrup.rosat.q.s ad colorem.

Lo cual, traducido, significa:

Receta. Azúcar blanca: una onza.
Agua destilada: dos libras.
Mézclese y agréguese sirope rosado en cantidad suficiente para que tome color.

Tomado de:

Uno y el mismo. Notas de folklore cubano, con especial atención a sus puntos de contacto con el folklore de otros pueblos. Argelio Santiesteban. Ediciones UNIÓN. Cuba. 2013

(1) ROIG DE LEUCHSENRING, EMILIO: Médicos y medicina en Cuba, Museo Histórico de las Ciencias Médicas «Carlos J. Finlay», La Habana, 1965, p.234