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Llevaban juntos alrededor de un año. Ella se mudaba ya con él y tenían planificada una suerte de luna de miel en las cataratas del Iguazú. En medio de una de las noches previas a la partida, Orlando empieza a sentirse mal y Marina lo ayuda hasta que se percata que hay que acudir a un hospital. En el desespero por irse lo deja solo por un instante y rueda por un tramo de escalera sin grandes consecuencias. Logra subirlo al auto y llevarlo a una clínica cercana donde es atendido inmediatamente pero fallece al poco rato. Son sucesos de poco más de una hora.

Marina está sola. A pesar de que lleva un año con Orlando, no conoce personalmente a nadie de su familia. Llama por teléfono a Gabo, su cuñado, y este le dice que se va a encargar de todo, incluyendo el aviso al resto de sus allegados que se han mantenido lejos de Marina desde que Orlando decidiera terminar su matrimonio y empezar una relación con una mujer veinte años más joven. Esto de por sí, ya deja descolocada a Marina en el lobby de la clínica cuando sabe que vendrán irremisiblemente. Los que no han querido verla ni hablarle, ahora van a aparecer. Ahora que Orlando está muerto y ella está sola. Van a venir los que nunca aceptaron, sobre todas las cosas, que él recomenzara su vida con una transexual.

Lo que sucede después en Una mujer fantástica es previsible. Si hasta aquí ella fue rechazada, lo seguirá siendo cuando ha muerto su pareja y los que no le dirigían la palabra lo harán para recuperar los bienes que el fallecido dejó atrás. Nada de esto se hará, por supuesto, respetando el derecho de Marina a despedir a la persona amada o a vivir su momento de luto de manera tranquila y normal. Entre los reclamos por el auto, el departamento y su lucha por llegar a donde nunca le permiten llegar, apenas tiene tiempo de llorar. La policía, que la misma noche de la muerte la trata como sospechosa y usa para dirigirse a ella el género masculino porque masculino es el nombre en la cédula de identidad aunque delante tiene a alguien que es una mujer; Gabo, que al llegar interviene y se hace cargo, pero usa una excusa discriminatoria y hasta cruel, solo para que Marina se vaya antes que llegue el resto de la tribu; la investigadora que viene a verla y nunca deja de asumir que pasó algo que nunca pasó, solo porque es transexual y más joven que Orlando e innecesariamente llega después hasta el ultraje; el hijo, que se cuela en el departamento al otro día a exigirlo y ni siquiera sabe bien cómo se llama ella. Por encima de todo eso debe pasar Marina, que no es culpable de nada.

El que esta película chilena haya ganado el premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa en la última entrega de estos a los productos de la gran industria de Hollywood le concede un aval hacia nuestra consideración por la lógica fascinación cubana por lo estadounidense que asigna a sus símbolos una certificación de calidad incuestionable. Además, este mes de mayo, en la ya tradicional Jornada cubana contra la homofobia y la transfobia, su actriz principal, Daniela Vega, estuvo en La Habana y Pinar del Río participando de algunas de las actividades que esta vez corrieron bajo el lema Por escuelas libres de homofobia y transfobia. Ella llegaba con el mérito de que la recatada Academia le haya permitido ser la primera persona transexual en presentar un premio en una oscarina gala.

Pero una cosa es la Daniela Vega activista y otra la actriz y otra Una mujer fantástica. A pesar que hay indudables e insoslayables vínculos, la película no es una clase de moralina ética sobre el respeto a los derechos más elementales de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, trans, inter y quers. De eso trata, obviamente, por el conflicto entre identidad de género y sexual de la protagonista que añade y define pero no lo hace en un tono conferencista. No es una película de ella hacia afuera sino de ella hacia adentro, incluso los momentos en que la narración se vuelve fantasiosa rozando o lanzándose de lleno a lo real maravilloso están vinculados a su mundo introvertido y sentimental. Son de Marina los principales parlamentos, mucha atención a lo que sale de su boca, generalmente en oraciones cortas pero con la contundencia del no al dramatismo y a la excepcionalidad. Añadiría fuera de esto dos elementos significativos: la escena de apenas tres minutos en el medio del metraje con su profesor de canto lírico –casi determinante- y la correcta inserción de You Make Me Feel Like a Natural Woman interpretada por Aretha Franklin acompañando a Marina hacia su primer encuentro con la ex de Orlando que dirá que lo tiene delante es una quimera. Esta es una película sostenida por detalles, como mismo la lluvia lleva su frescura y belleza en la simple caída de sus muchas gotas.

Una mujer fantástica – 2017

 Chile – Alemania – España – Estados Unidos

Dirección: Sebastián Lelio

Guión: Sebastián Lelio – Gonzalo Maza

Protagónicos: Daniela Vega – Marina Vidal

Francisco Reyes – Orlando

Luis Gnecco – Gabo

Aline Küppenheim – Sonia

Amparo Noguera – Antonia

Nicolás Saavedra – Bruno

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