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La observancia de reverencial respeto ante los manes del monte, entre los adeptos de las religiones sincréticas afrocubanas, tiene antecedente abundantísimo. Hable Frazer al respecto:

La severidad del culto (a los árboles entre los antiguos germanos) puede deducirse de las penas feroces que señalaban las antiguas leyes germánicas para el que se atrevía a descortezar un árbol vivo: cortaban el ombligo del culpable y lo clavaban en la parte del árbol que había sido mondada obligándolo después a dar vueltas al tronco de modo que quedaran sus intestinos enrrollados al árbol (…) En Upsala, la vieja capital religiosa de Suecia, había un árbol sagrado en el que todos los árboles estaban considerados como divinos (…) en un santuario de Esculapio, en Cos, estaba prohibido, bajo la multa de un millar de dracmas, el cortar un ciprés. Pero en ninguna parte del mundo antiguo se conservó quizás mejor esta antigua forma de religión que en corazón de la gran metrópoli misma; en el Foro, en el centro afanoso de la vida romana, se dio culto a la higuera sagrada de Rómulo hasta la época imperial, y cuando se secó el tronco, ello fue suficiente para que se extendiera la consternación por toda la ciudad. También en las faldas de la colina Palatina crecía un cornejo estimado como una de las cosas más sagradas de Roma; siempre que a un paseante cualquiera le parecía que el arbusto necesitaba riego, daba un grito de alarma del que se hacía eco la gente de la calle y enseguida podía verse por todos lados a una muchedumbre con cubos de agua como si (habla Plutarco) corriesen a apagar un incendio (…) Los iroqueses creían que cada especie de árbol, arbusto, planta y hierba tiene su propio espíritu… (1)

Agrega el estudioso británico que los campesinos austríacos, al derribar un árbol, le ruegan que los perdona, mientras que los ilocanos de de Luzón recitan: “No se inquiete, amigo, piense que talamos lo que se nos ha mandado a talar.”

Después de ello, ¿extrañarse de que los cubanos aseguremos que “esa mata nace del monte, / ese tronco tiene poder… con permiso, yo va a tumbá”?

Tomado de:

Uno y el mismo. Notas de folklore cubano, con especial atención a sus puntos de contacto con el folklore de otros pueblos. Argelio Santiesteban. Ediciones UNIÓN. Cuba. 2013

(1) FRAZER, SIR JAMES GEORGE: La rama dorada, 2t, Ciencias Sociales, La Habana, 1972, p.144-146