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Abundaron en Cuba juegos en los cuales un prestidigitador embaucaba a los incautos.

Una de las variantes consistía en identificar bajo cuál de las tres chapas, después de un rápido juego de manos, quedaba situado un frijol u otro pequeño objeto.

Otra versión consistía en localizar una de tres cartas, hábilmente barajadas. En todos los casos, el timador infundía confianza en sus víctimas, permitiéndoles ganar al principio. Y, además, resultaba tan evidente la situación de la chapa o baraja premiada…

Tomado de:

Uno y el mismo. Notas de folklore cubano, con especial atención a sus puntos de contacto con el folklore de otros pueblos. Argelio Santiesteban. Ediciones UNIÓN. Cuba. 2013

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