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Ayer Cuba obtuvo una victoria sin precedentes en la ONU. Al proyecto de resolución Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba, que se ha aprobado 27 veces anuales consecutivas, contando la de este año, el país agresor le había añadido ocho enmiendas que tuvieron que ser votadas de manera registrada e independiente. Todas fueron abrumadoramente denegadas por la asamblea por más de 110 votos en contra y solo 3 o 4 a favor. Cuando se pasó finalmente al proyecto de resolución cubano, el resultado era ya previsible: 189 países votaron a favor de la causa cubana y solo dos, Estados Unidos e Israel, en contra. Nunca, en 27 votaciones, Estados Unidos ha podido obtener más de 3 acompañantes en su voto contra la resolución caribeña y es inédito el haber perdido 9 votaciones consecutivas por más de 100 votos en contra. Tampoco tiene precedentes la circulación previa de un documento solicitando al resto del mundo que los acompañara en un voto favorable.

En fecha tan temprana como el 6 de abril de 1960 –más de un año antes de que Cuba se declarara socialista- el Vicesecretario de Estado Asistente para Asuntos Interamericanos, Lester D. Mallory, le recomendaba en un memorándum secreto al Departamento de Estado que:

“… el único modo previsible de restarle apoyo interno (al gobierno cubano) es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para  reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

A casi 60 años de dicha recomendación, los objetivos que pretendía dicha política no han sido cumplidos y el rechazo internacional es absoluto. Para mantener esta intención Estados Unidos ya no cuenta con apoyo, justificación creíble, ni razón palpable. El mismo día de estas votaciones el actual Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, el mismo puerco mentiroso que bajo la administración de George W. Bush aseguró que Cuba fabricaba armas biológicas en lugar de vacunas en sus centros científicos, amenazó en Miami –dónde si no!- con nuevas sanciones en un desprecio total a la voluntad de la comunidad internacional.

Aún si mi país colapsa, pues la tónica agresiva y el cerco efectivo van en ascenso y puede llegar ese deseado punto de exterminio por hambre y enfermedad, sería una derrota estadounidense porque la única opción posible fue el uso de la fuerza de manera descarnada y abierta. El otro camino que les queda es el desmantelamiento progresivo de lo que moralmente ya está descuartizado y pasar a una relación bilateral que acepte las grandes diferencias y refuerce los campos de interés de cooperación mutua. Para la inmensa mayoría de los cubanos, incluso, para los que viven en el extranjero, incluyendo a los que viven en Estados Unidos, ver a la Patria haciendo concesiones de soberanía y autodeterminación ante presiones externas, es una tercera opción que ni siquiera consideramos. Como argumentó nuestro canciller en la Asamblea General, reiterando las palabras del Apóstol de nuestra independencia: antes nacerá una serpiente de un huevo de águila.

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