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Viernes 12 de marzo 1976

Nos levantamos temprano. Lázaro y yo salimos para la frontera a las seis de la mañana. Antes de partir subimos al camión algunos víveres: arroz, aceite, dulce, también jabón, pasta y otras cosas. Recorrimos alrededor de 75 kms hasta donde está el río Meposso, su puente fue volado. Es un río de unos 60 mts de ancho y de gran caudal. Allí bajamos los víveres y los subimos en una balsa que construyeron los cubanos sobre tanques y tablones. Así se pasaron a la otra orilla. Recogimos un pelotón de angolanos y regresamos a San Salvador. Regresamos a la 1 de la tarde.

Durante el trayecto vimos muchas aldeas. Como siempre, el hambre y la pobreza ocupan el primer lugar entre los campesinos. Las mujeres andan sin zapatos, con los muchachos a la espalda y cargando leña, agua y otras cosas en la cabeza, cocinando maní o maíz. Las chozas están sucias o cayéndose, los niños barrigones, descalzos y sin ropa. Ese es el paisaje dentro de montañas y selvas, entre ríos y caminos. Esa es la verdadera cara del imperialismo y del colonialismo, así viven millones de seres humanos mientras unos pocos explotan y gozan de las riquezas de sus patrias. Vimos también la tanqueta en que viajaban el mayor Dimas y pipo cuando les explotó la mina.

La tarde transcurrió normal, dormimos un poco y después Lázaro me ayudó a limpiar el baño, después nos bañamos.

Le hice una carta a mi esposa y a mis padres pues Orlando va mañana para Luanda, él también piensa comprarme algunas cositas y enviármelas para allá. Por la noche jugamos brisca el Toro, Orlando, Lázaro y yo y antes de acostarnos nos tomamos un durofrío que hice con chocolate. La noche está muy fresca, voy a dormir bien pues me conseguí una sábana para taparme, hasta ahora me tapaba con colcha, cosa que a mí no me gusta. Siempre el recuerdo de mis hijos está conmigo a la hora de poner la cabeza en la almohada, mi esposa tampoco falta. ¡Qué deseos tengo de tenerla entre mis brazos!