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Un mes antes de caer en combate, José Martí, deslumbrado por el monte cubano, anota acucioso en su Diario de Campaña:

Vi hoy la yaguama [sic], la hoja fénica que estanca la sangre, y con su mera sombra beneficia al herido: «machuque bien las hojas y métalas en la herida, que la sangre se seca […]» (21/4/95)

Otro de los grandes del panteón patrio, Pablo de la Torriente-Brau, recoge de boca de un guajiro guantanamero:

Este palo es la yamagua y la hoja es buena para «trancar» la sangre de las heridas… (1)

Hoy la medicina popular sigue atribuyendo a la Guarea trichiliodies la virtud curativa antes mencionada.

Tomado de:

Uno y el mismo. Notas de folklore cubano, con especial atención a sus puntos de contacto con el folklore de otros pueblos. Argelio Santiesteban. Ediciones UNIÓN. Cuba. 2013

(1) TORRIENTE-BRAU, PABLO DE LA: Aventuras del soldado desconocido cubano, Ediciones Huracán, La Habana, 1987, p. 161