An -Una pastelería en Tokio-: el bueno, el malo, la bomba y el cine japonés

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an El animismo supone, además de otros conceptos, que hay un alma en todos los objetos, ya sean naturales o creados por el hombre. Eso implica que cada cosa debe ser respetada y cuidada –no es lo mismo tirar una piedra que estorba nuestro paso que apartarla del camino- y si se sigue ese precepto se da por descontado el respeto a los demás seres vivos. Si en cada objeto hay un alma entonces también hay una historia que contar y si miramos a nuestro alrededor podemos pensar lo mismo de cualquier simple transeúnte que camina de largo frente a nuestra casa. Tenemos muy claro que nosotros tenemos dentro nuestra propia historia, pero… ¿qué pasa entonces cuando ella se cruza con la de otros, casi sin sentido, y al cabo del tiempo parece ser que lo que dimos espiritualmente o lo que nos dieron explica ese sin sentido casual? Los protagonistas de An –Una pastelería en Tokio- parecen estar respondiendo esa pregunta o al menos preguntándosela a sí mismos.

unapaste21_an_copyright_2015_Sentaro se levanta antes del amanecer y parte a su sencillo puesto donde hace y vende dorayakis, un dulce tradicional japonés relleno con aoki, que no es más que una pasta de judías rojas. Sus clientes son chicas de una escuela cercana y ocasionales vecinos del barrio. El negocio no es sinónimo de prosperidad y bullicio. Aun así, nunca descansa pues los dulces llevan su tiempo y lo hace todo a solas, día tras día, con un aire más de esclavo de su sino que de optimista y satisfecho emprendedor. El exceso de esfuerzo y la rutinaria soledad lo hace colocar un cartel pidiendo un ayudante, aunque no puede pagar mucho. Una voz añeja lo interrumpe cuando está fregando sus calderas:

Dice que se buscan trabajadores ¿Es cierto que no hay límite de edad?

Tokue, una anciana de 76 años, está interesada en el trabajo y su interés responde más a una realización espiritual que a necesidad económica. “Siempre he querido trabajar de esto.” Sentaro muy amablemente la rechaza, a pesar que ella trabajaría por la mitad que él pensaba pagar, y le regala un dulce como disculpa suspendida. “¿Sabes quién sembró ese cerezo?” pregunta la anciana por el árbol que tiene delante y él le responde que no nació en ese barrio, que no lo sabe. El cerezo solo ha traído algún que otro molesto pétalo a sus dulces, no lo ha mirado nunca de ninguna otra manera. Sin embargo ella le habla y lo saluda con alegría y respeto. “Volveré luego”, dice ella, y se va. Todo esto lo ha visto Wakana, una adolescente asidua cliente y amiga del lugar.

“Volveré luego”, dijo. Y volvió e insistió en trabajar y otra vez Sentaro la rechaza. Le dice que si es por sus manos, está dispuesta a trabajar ya no por la mitad, sino por un tercio de lo que ofrece: los dedos de la abuela están tullidos. Él se disculpa, le dice que no es por su discapacidad sino porque sería muy duro para ella. La ancianita le dice que probó su dorayaki, que la tortita que lo envuelve es muy buena pero que el anko de relleno no lo es, que ella lleva 50 años haciéndolo y hay que ponerle mucho sentimiento para tener éxito. Le deja una muestra del que ella hace en una vasijita plástica y se va. Luego, a solas, Sentaro lo prueba y queda sorprendido. El suyo, al lado de ese aroma y sabor, es una mierda.

pasteleria-tokio-575x323Decide contratar a Tokue y cuando le anuncia su decisión la ancianita llora emocionada. Le anota nombre y dirección en un papel, hacen los ajustes necesarios y comienzan juntos al otro día, muy temprano. Empiezan antes de que salga el Sol y terminan de preparar el anko sobre las 11 de la mañana. En ese tiempo ella escuchó y le habló a las judías, hospedándolas primero y dándoles tiempo para que conozcan el dulzor después, como acomodándolas al nuevo escenario, igual que una pareja en su primera cita, dice. Al final, cuando prueban la combinación que han hecho, ella con sus pasta y él con sus tortitas, Sentaro confiesa que por fin encuentra un dorayaki que puede comer. Nunca ha comido uno entero, no le gusta el dulce. Tokue no entiende porque renta un lugar así y porque vende dorayakis si no le gustan los dulces. Así transcurre el primer día y al levantar la cortina de su puesto la siguiente jornada, ocurre lo inesperado: hay cola de vecinos del barrio esperando que comience la venta y venden como nunca y las escandalosas colegialas reparan en que Sentaro sonríe. Él, que es un hombre de cara triste, sonríe.

Cuando Tokue hace rato se ha marchado, la noche ha caído y Sentaro da los toques finales a la jornada fregando y ordenando, llega la dueña del puesto, la verdadera dueña del local. Y viene porque ha escuchado rumores y no precisamente de la súbita prosperidad sino de la señora que ha sido empleada que dicen padece la enfermedad de Hansen: los dedos tullidos de Tokue son efectos de la lepra. La confirmación está en que la dirección que dejó es la de un centro de reclusión de enfermos.

f0d2a30a43942df98ef4f08c25b0b00f_1464377262La Ley de Cuarentena de Leprosos fue derogada en Japón en 1996, hasta ese año todo los que padecían en menor o mayor grado la lepra eran apartados de la sociedad y se les temía pues en algunos casos perdían pies, manos o nariz y quedaban deformados por lo que el miedo a contagiarse pasaba también por una impresión física. Padecían la exclusión total. Eran separados a lugares donde ellos mismos tenían que hacerse todo pues los sanos no querían atenderlos, entonces estaban obligados a crear un micromundo. Los 50 años que Tokue dijo llevaba haciendo anko habían transcurrido en un lugar así, por eso lloró cuando supo podía trabajar con Sentaro, porque por primera vez en su vida podía hacer algo para los demás, para la misma sociedad que la había segregado y que padecía aún el mismo mal del miedo al diferente. Y ese mal volverá a surgir cuando la dueña del negocio le exige a Sentaro que la despida y él, aunque está en desacuerdo, tiene que hacerlo. Pero le falta valor ante la dedicación y entrega de Tokue y no se atreve pero los vecinos sí se atreven a dejar de comprarle y sin que medie palabra ella se marcha un día para no volver jamás cuando internamente lo ha comprendido todo. “Solo le dije a una persona sobre los dedos de Tokue.” – le confiesa después Wakana a Sentaro. “¿A quién?” “A mi madre.” “La velocidad de los rumores da miedo.” – concluye él.

una-pasteleria-en-tokio_mc3A esto le sigue un intercambio de cartas entre Tokue y Sentaro donde se confiesan cosas que no se dicen cuando él va a visitarla al lugar que ha sido su casa la vida entera, acompañado de Wakana. Lo escrito supera en confidencialidad el cara a cara y es cuando se revelan completamente las historias de estos dos seres humanos que se han vinculado por muy poco tiempo pero que tanto tienen en común a nivel emocional o para decirlo mejor: a nivel de memoria emocional. A pesar del uso de símbolos recurrentes, como el pájaro enjaulado que queda en libertad, el humanismo que desprende esta película que no acude al Tokio industrializado que parece otro planeta sino a espacios más íntimos que nos son más cotidianos es delicadamente profundo. Se me antoja el símil con esa escena que hemos visto millones de veces repetidas en filmes-basura donde el bueno, agonizando, logra encajarle al malo –o hacerle tragar si es un monstruo- una bomba que hace lo que no hace todo un ejército y al final una inmensa explosión resulta y resuelve. El cine japonés es muchas veces así: sin un gran despliegue logra ponerte a pensar filosóficamente por varios días.

El estar libre o encerrado es un concepto más mental que físico, el ser esclavo también. Que todo lo que sabemos, aún lo más sencillo, sea brindado con humildad y desprendimiento porque eso que nos puede parecer simple puede cambiarle la vida al otro aunque nos parezca imposible pero la historia que ese lleva dentro y no conocemos puede estar necesitando precisa o desesperadamente nuestro gesto. Estemos dispuestos a escuchar, no solo a los demás, sino a los árboles, al viento, al Sol, a la Luna, al agua del río o al oleaje violento o susurrante del mar. Escuchándolos aprendemos, respetamos y amamos. Damos significado, nos damos significado, encontramos y somos encontrados. Más o menos de eso va An –Una pastelería en Tokio-.

unapasteleriaentokio3-gAn (Una pastelería en Tokio) – Japón – 2015

Dirección y guión: Naomi Kawase

Protagonistas: Kirin Kiki – Tokue

Masatoshi Nagase – Sentaro

Kyara Uchida – Wakana

Etsuko Ichihara – Yoshiko

Miyoko Asada – Dueña del puesto de dorayakis

Miki Mizuno – Madre de Wakana

Angola. Páginas de un diario de la guerra – 45

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cubanos-en-angola-1989-20Miércoles 11 de febrero 1976

Me levanté temprano y establecí comunicación. Hoy mi hijito cumple dos años. Me acuerdo de él, cuánto diera por verlo, pero estar aquí es una necesidad, además cuando sea mayor él se sentirá feliz y seguro estará de acuerdo con que así haya sido. Mi esposa sabrá hacerle feliz este día. Los quiero y los recuerdo mucho a todos, aún no he recibido carta de ellos. La mañana está fría y con mucha humedad. Las tropas del mayor Dimas se marcharon por la madrugada.

La situación de vida aquí es igual a los otros lugares. Las mujeres con los niños amarrados a la espalda, sin zapatos, y vestidas muy mal con relación a los hombres. A pesar de su incultura tanto los campesinos como la gente de la ciudad son muy sociables y cariñosos. Les gusta hablar con los cubanos. A unos los entendemos mejor que a otros pues además de hablar portugués hablan una especie de dialecto que también tiene mezclado algunas palabras portuguesas.

Es cosa notoria que a excepto de Luanda en las demás ciudades, pueblos y aldeas es difícil ver personas con zapatos y con ropas aceptables. Van harapientos y sucios. Esto es lo que ha dejado el colonialismo en este país, aparentemente tan pobre, pero tan rico en riquezas naturales y en gente buena. A nuestro paso por las aldeas los nativos piden cigarros y comida, tocándose la barriga en señal de hambre.

Orlando regresó al mediodía de Negage. Con ellos vinieron siete blindados más, PT-76 de esteras, muy parecidos a los tanques. Son además anfibios. También vinieron siete tanques T-34.

A las seis de la tarde realizamos la votación a favor de la Constitución, el voto fue directo y secreto, uno por uno todo el batallón. Lázaro y yo fuimos a una especie de plaza que tienen aquí los nativos donde exponen algunos productos de comer como maní, mango y frijoles. Eso es todo. El hambre es insaciable, no hay qué comer. Hablamos con algunos de ellos y nos dijeron que desde hace dos meses lo único que comen es bledo.

A veces es difícil distinguir entre los hombres y las mujeres pues en ocasiones se visten iguales y se pelan corto, solo se diferencian por los senos. Es curioso que aquí la mayoría para no decir todas las mujeres tienen tremendas tetas.

Por la noche, antes de dormir, le hice a mi esposa una tarjeta que me dieron por el día 14. Fui también con Guido a ver un prisionero inglés. Es joven, sobre los 20 años, de pelo rubio y de ojos claros. Es un mercenario pagado por el imperialismo.

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PT-76, carro de combate ligero con capacidad anfibia

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Tanque T-34

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Damba, Angola

Angola. Páginas de un diario de la guerra – 44

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cubanos-en-angola-1989-19Martes 10 de febrero 1976

Salimos a las siete de la mañana de Carmona y fuimos hasta el entronque de Negage, de allí doblamos a la izquierda y después de recorrer varios kilómetros tomamos un terraplén. De nuevo el polvo es insoportable. Pasamos por un poblado llamado Bingo y después por 31 de Janeiro hasta llegar a Damba, pueblo está que está tomado por nuestras tropas. Aquí acampamos. Se encuentran aquí las tropas del mayor Dimas. Hay varios prisioneros ingleses y se entregaron dos comandantes del FNLA.

Damba es un poblado sucio, sin agua y sin electricidad y se dice que las epidemias producto del mosquito y la falta de higiene están a la orden del día.

Estando instalando la antena se escuchó por la radio la toma de Benguela, ciudad que se encuentra en el sur de Angola. Alrededor de las cinco de la tarde comenzó a llover con gran cantidad de relámpagos y truenos. Orlando salió para Negage con el teniente Palomo a llevar a los prisioneros del FNLA. No se puede establecer comunicación con el Estado Mayor del frente.

Me acuesto a dormir, sigue lloviendo mucho.

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Carmona, Angola, actual Uíge

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Damba, Angola

Copenhagen: las nórdicas son mujeres grandes

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copenhagenUna mujer y su hijo pequeño emigraron a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. En Dinamarca quedó el esposo que nunca se reunió con ella. Esto es lo poco que sabe William de sus abuelos. Su progenitor no fue precisamente un ejemplo: lo abandonó cuando él era un adolescente y ni de eso hablaron antes de que falleciera. Revolcando sus cosas encuentra una carta que de niño su padre le hiciera a su abuelo y nunca fue entregada y que ofrece una pequeña ventana al pasado: tiene una dirección postal de Copenhague. Entonces él, que es un joven desenfadado y libertino, se va a una gira a paso moderado por Europa, un paseo hacia Selandia mojado con cerveza y ambientado con mujeres. Al llegar tiene solo un objetivo: encontrar a la familia por parte de su abuelo paterno y si es posible a este mismo y entregarle la misiva que nunca arrancó a su destino.

Está sentado en la cafetería del hotel donde se hospeda pensando por dónde empezar cuando una hermosa joven que sirve allí se le acerca y William vuelve a hacer lo mismo que hasta ahora ha hecho: vincula el propósito del viaje con lo lúdico del sexo opuesto pidiéndole ayuda para que le traduzca al inglés y le indique en un mapa dónde queda la dirección que está buscando. Un accidente ocasiona entonces un disgusto y un malentendido que luego parece componerse cuando Effy –que así se llama la chica- lleva a William a donde estaba destinada la carta y encuentra allí al hermano de su abuelo que le revela algo muy oscuro del padre de su padre. Le regala además un grupo de fotos que él mismo le hizo a su papá antes de partir con su madre hacia América.

– Él está sonriendo… feliz. Nunca lo vi sonreír en toda mi vida…

tumblr_ng4l99mmxx1r3dk8fo2_1280Esa frase llena de despecho hace que a Effy se le ocurra algo para arreglar un poco las cosas. Decide acompañarlo a los lugares donde fueron hechas las fotografías y tomarle una a William en la misma posición de su papá y sepa así qué le hizo sonreír y aquel accede, aunque le gusta más la muchacha que la idea. Después sabrá, ya medio involucrado en el asunto, que es una estudiante de Educación General que está haciendo una práctica laboral temporal en el hotel y sólo el año que viene estará en Secundaria Básica. Tiene 14 años nada más. La posibilidad de ayudarlo a buscar a su familia o descubrir cada motivo de risa del ancestro representa para ella el pasar de una manera más entretenida ese tiempo fuera de la escuela que sirviendo café y golosinas. Las palabras que se cruzan en el momento del descubrimiento de la edad por un hecho fortuito son cortas y reveladoras de decepción, sorpresa, ingenuidad y resignación. A partir de ahí tendrán que empujarse mutuamente para completar el recorrido e incluso para llegar a toda costa hasta el abuelo del que ya saben qué tipo de ser humano fue.

tumblr_inline_nbfy56qaal1qzjrmjLa ciudad es escenario y personaje: sus calles empedradas, las bicicletas a veinte coronas, sus museos, centros nocturnos, canales, puentes y paseos y hasta la famosa y sencilla Sirenita. Effy se queda con las fotos que le hizo en cada sitio a William mientras tanto él prosigue y llega hasta Skagen, al norte de Dinamarca, donde se unen el Báltico y el Mar del Norte, donde ya no hay más tierra para seguir, sin embargo, en ese detenido instante, está avanzando aún como quizás nunca en su vida lo hizo.

tumblr_nuc0jxxtdp1upoocio3_1280 Actuamos como somos y lo que somos está condicionado por lo que sabemos. Cuando se abre una luz nueva tenemos la oportunidad de saltar un escalón y ser mejores con nosotros mismos que es de donde único saldrá el ser mejores con los demás para dejar en ellos una chispa de memorable emoción en este hermoso y fugaz camino que es la vida. No importa el pasado, siempre podemos darnos y dar una alternativa más para crecer. ¡Y saber y entender ese saber es tan importante para que eso sea posible! Más o menos de eso va Copenhagen.

copenhagen-end-shotCopenhagen – 2014 – Canadá

Dirección , guión y edición: Mark Raso

Producción: Mauro Mueller / Mette Thygesen

Protagonistas: Gethin Anthony – William

Frederikke Dahl Hansen – Effy

Sebastian Armesto – Jeremy

Olivia Grant – Jennifer

Mille Dinesen – Madre de Effy

Angola. Páginas de un diario de la guerra – 43

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cubanos-en-angola-1989-18Lunes 9 de febrero 1976

Después del desayuno salí con Lázaro y el teniente Palomo a recorrer las distintas unidades que están acantonadas aquí. Fuimos, entre otras, a la batería de morteros 120, allí encontré a un compañero de Santa Clara que vive en Síndico y Cuba, cerca de mis suegros, y hablamos un poco. Se llama Lorenzo Lorenzo. Almorzamos y dormí un poco por la tarde. El Toro se puso a cantar mexicanadas con la guitarra, Mayarí hizo buen café.

A las siete de la noche partimos para Negage pues al comandante lo llamaron del Estado Mayor del frente. Fuimos en dos jeeps. En el primero viajaban el comandante Acuña, Guido y una escolta y en el segundo Ramón (El Toro), Braulio y yo. Esta vez realizamos la función de escolta. Regresamos alrededor de las nueve de la noche.

Negage está a unos 50 kilómetros de Carmona, la carretera está buena pero existen algunas elevaciones. A ambos lados son potreros y la yerba está considerablemente alta no permitiendo una buena visibilidad, no obstante el viaje fue normal.

Se dice que mañana partimos hacia Damba a unos 160 kilometros de aquí, aún más al norte, cerca de la frontera con Zaire. Hice guardia de centinela hasta las 11 y 30, después me acosté. Siempre el recuerdo de los míos.

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Carmona, Angola, actual Uíge.

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Negage, Angola.