Algo entre manos

Etiquetas

, , ,

Algo entre manos

Por Jazbell y camarero

Era un majestuoso edificio. Estaba situado en la parte más populosa de la ciudad, rodeado de avenidas muy congestionadas por el tráfico. Lo conformaban seis lujosos apartamentos en cada uno de sus veinte niveles que ya eran pura agitación antes que el sol se enseñoreara de todos los rincones. Sin embargo los inquilinos del piso dieciocho  estaban muy callados y expectantes ante la terrible noticia de aquella mañana: el doctor Agustín había sido estrangulado. Nadie había entrado en la casa y aunque dormía con el balcón abierto era tanta la altura que no era de suponer sirviese de entrada al asesino. La policía no encontraba la pista de aquel crimen y estaba desorientada ante la falta de evidencia cuando la esposa y la criada de la víctima acudieron despavoridas a la jefatura. Saltando de lo alto de un armario había caído sobre la mesa, las había mirado y después había huido por la habitación una mano solitaria y viva como una araña. Allí la habían dejado, encerrada bajo llave. Llenos de temor acudieron un detective y el juez.

Como en todos los casos de criminal atrapado entre cuatro paredes la intención era capturarla con vida. Ya tenían la descripción: era del sexo femenino con uñas pintadas en rojo, zurda, piel blanca y estatura normal tomada de la punta del dedo medio a un tramo por encima de la muñeca por donde conservaba pedazos salientes de húmero y radio. La última vez fue vista metiéndose bajo la cama. No tenían muy claro que tan peligrosa podía ser pero era evidente que al menos ya se había cargado al viejo médico. Entraron y cerraron la puerta tras de sí esperando que entre ellos bastara para atraparla. Transcurrieron unos minutos de silencio y de pronto empezó a escucharse el ruido de aquellos dos, presumiblemente correteando en su captura. El juez logró sujetarla pero le soltó un pellizco que lo hizo desistir. Sin dudarlo el detective hizo lo que se hace en estos casos: pedir refuerzos, pues el sospechoso se resistía al arresto e intentaba la escapada. Algo molesta por la incapacidad de las autoridades para poner orden entró la criada y de un escobazo la espantó contra la pared donde aturdida le pusieron un grillete y le leyeron los derechos. Un hombre muy serio y de confianza que sabe lenguaje de señas fue llamado a la estación para ayudar al interrogatorio pues todo parece indicar que quién sabe escribir es su cómplice, la diestra, prófuga en el momento de redactar esta información.

Un jazmín en el Café

Etiquetas

, , , ,

jazmin1

Es una mujer muy especial, no solo para mí sino ella en sí misma sin necesidad de segundos ni terceros. Quise invitarla a compartir un espacio para pequeños cuentos que encerrarán un encanto personal a dúo, un pequeño reto a vencer por cada cuál.  Estarán agrupados bajo una nueva categoría. Mi trato es en el terreno de la prosa, el que menos mal se me da, pero tal vez nos deje algunos de sus versos que sin pretensiones andan por ahí esperando. Le ofrezco la blancura de un jazmín sobre el cálido aroma de un café que pretende hacer amanecer.

Aunque la vida – Santiago Feliú

Etiquetas

, , ,

La nariz en la almohada 1992

La nariz en la almohada – Francis Van Hove

Aunque la vida pase dura / ahora por las venas
y en el vacío del camino / se nos vuelva piedra,
está mi flor bebiendo de tu vida / y de tus manos,
está tu flor bebiendo de mi vida / y de mis manos.

Porque cuando la edad nos llora / y nos sentimos solos
está el amor para los dos / diciéndonos que falta.
Aunque esté todo tan distinto, / yo te sigo amando:
sólo mirándote a los ojos / reconozco el mundo.

Estás en mi desierto y soy tu luna / brillando en tu correr;
y eres la suerte / que se me antoja vivir,
las ganas que tengo de vivir.

Aunque la vida pase dura ahora / por las venas, nena,
y en el vacío del camino / se nos vuelva piedra,
está tu flor bebiendo de mi vida / y de mis manos,
está mi flor bebiendo de tu vida / y de tus manos.

Porque cuando la edad nos llora / y nos sentimos solos,
está el amor para los dos / diciéndonos qué falta.
Aunque esté todo tan terrible, / yo te sigo amando:
sólo mirándote a los ojos / reconozco el mundo.

Las ganas que tengo de seguir…
aunque la vida pase dura / ahora por las venas.

Las manos de la esperanza

Etiquetas

, , , , ,

Esperanza

La Esperanza – Rita Longa – Forma parte de la escultura Fe, Esperanza y Caridad ubicada en el Hospital Viejo de Santa Clara

En diciembre pasado mi padre fue diagnosticado con cáncer de piel, así que desde enero está en tratamiento con operación de cincuenta puntos en la cabeza incluida. Mi experiencia con hospitales es nula y en este momento no puedo afirmar si es algo positivo o negativo. Yo padezco desde siempre de reacción vagal a la sangre y no es solo la sangre que veo sino la que imagino. En una de las consultas cuando el médico dijo que tenían que operar y llegar hasta el hueso me dio una fatiga que tuve que sentarme a recuperarme. Es duro saberse débil cuando cosas tan importantes pasan a tu alrededor y más de esa manera en que no depende de tu voluntad. Simplemente no puedo controlar ni evitar la reacción vagal aunque he pasado por momentos en que al parecer predominan otros sentidos y esta no aparece pero no voy a hablar de ellos ahora. Manos amigas me hacen llegar equipamiento desechable de insulina para inyectar a mi papá tres veces por semana con interferón alfa humano recombinante, un medicamento cubano que hace poco cumplió un cuarto de siglo y va por su tercera generación.

Papá tiene turnos con frecuencia y lo acompaño al hospital esos días en la mañana, bien temprano. Nos toma alrededor de media hora. A nuestro alrededor la ciudad se mueve con el ritmo de la gente que amanece y va al trabajo y somos dos más que de modo intrascendente caminan temprano a algún lugar. Él habla muy poco en la ida, casi ni una palabra. Ya las calles que tomamos para venir y regresar las tenemos elegidas y no tenemos que ponernos de acuerdo para nada. Yo le voy vigilando los pasos, orientándolo y cuidándolo. Ya no le queda más nadie que mi hermana, mi mamá y yo. Es el mayor de cinco hermanos y le ha tocado sobrevivirlos a todos. Sus padres son fallecidos, sus sobrinos por motivos divergentes están alejados. Así que nos tiene solo a nosotros para continuar.

El hospital es el más viejo de la ciudad. Ha sido superado por otro que está en las afueras pero aun así, sigue prestando sus servicios. Como toda instalación añeja muestra sus reiteradas reparaciones parciales a cada paso. Vanos cerrados y huecos abiertos revelan circulaciones reinventadas, pasillos atestados, personal médico que camina de un lado a otro observado por la estatua de su patio central, Fe, Esperanza y Caridad, obra de la magistral escultora cubana Rita Longa. Me he vuelto firme convencido que a pesar de las críticas al sector los buenos indicadores de salud que Cuba mantiene dependen exclusivamente de la capacidad y entrega de trabajadores mal reconocidos y peor remunerados que alivian el dolor en edificios con tuberías que sueltan agua y vapor por sus remiendos. No tenemos amigos que nos ayuden o recomienden por lo que hemos tenido que pasar y sufrir por la vía normal, sin embargo nos ha tocado a suerte un excelente trato, tanto de médicos, como doctoras, enfermeras, camilleros y hasta custodios, preocupados e interesados por nosotros sin recibir nada a cambio. Para mi hermana y para mí han sido de un apoyo definitorio. Incluso mamá me decía que alguien se le acercó a la casa hace unos días para que la ayudáramos a ponerla en contacto con el médico que operó y trata a mi papá. Se trata de un hombre joven pero muy preparado, profesional y determinado. Nada podemos hacer al respecto porque llegamos a él de casualidad, no porque lo conozcamos o tengamos amistad, fue el azar y no nos une otra cosa que los minutos de su consulta, tiempo que aprovecha a plenitud con un sentido práctico y decisión que quita todas las preocupaciones.

La espera es grande en cada consulta. Llegamos al poco más del amanecer y nos vamos pasado el mediodía. Hay muchos casos que atender, irregularidades en la entrada, complejidad de situaciones. Los médicos tienen que salir y entrar, son interrumpidos por razones de peso o no. El caso es que demoramos mucho en la espera como lo hacen casi todos los pacientes. Luego la consulta suele ser rápida y con una amabilidad que espiritualmente reconforta mucho. Luego nos toca otra cola inmensa en el control de turnos que hago yo mientras papá espera sentado en un banco de madera del salón de espera principal. Me duele dejarlo allí pero no quiero que esté de pie tanto rato cuando nos queda aún regresar a casa, quisiera estar con él hablando y no dejarlo sumido en quién sabe qué pensamientos pero no tengo otra alternativa.

El regreso lo hace más animado he intento introducir otros temas que no sean de hospitales ni enfermedad y es relativamente fácil porque está más dispuesto a intercambiar. Volvemos por las mismas calles por las que vinimos siguiendo el curso de las mismas aceras. Y es cuando nos pasa algo que me hace pensar en muchas cosas. Me hace pensar en la vida, en lo positivo, en la esperanza, en ese ánimo que a veces uno pierde y no encuentra. En eso que parece casual y parece al mismo tiempo puesto en tu camino para removerte, para que te estremezcas, para que te levantes. Me hace pensar en los seres humanos y en su incapacidad de mostrarse y ser abiertos al punto que quien se muestra a los demás pensamos que está enfermo.

Nos sucede algo que parece una señal.

Cuando venimos no está porque es muy temprano y supongo duerme. Cuando regresamos, como lo hacemos por la misma acera, chocamos irremediablemente con él. Es un chico, síndrome de Down, que está parado, en la puerta de su casa. Nos mira y no dice nada, solo levanta su mano derecha y nos ofrece su palma cuando aún nos quedan varios pasos por delante. Es una acera estrecha y yo camino detrás de mi papá y se escuchan seguido dos sonidos de choques de manos, la de mi padre con él y la mía con él, que voy detrás. No hay nada más, simplemente pasamos y chocamos manos pero parte de esa alegría que ese niño tiene con desconocidos se va también con nosotros. Es como decir y sentir que sí, que avanzamos, que vivimos y la vida es bella.

Detalle de las manos

Detalle de las manos de La Esperanza – Rita Longa

Puerta 3

Etiquetas

, ,

La ciudad está en ruinas, el fuego de algunos incendios ilumina el camino en medio de la noche. Rodrigo los guía hacia un lugar seguro; son dos mujeres y un hombre, todos jóvenes. En silencio han ido avanzando de manzana en manzana y han logrado acercarse al refugio. Todos temen, hasta él, pero sabe que tiene que correr el riesgo de salir a buscar sobrevivientes o los pocos que quedan serán cazados en poco tiempo. En la antesala de una nave industrial les dice que esperen afuera, que él se adelantará un poco. Solamente falta pasar sobre unas pilas de escombros que hay en la sala principal para entrar en el desahuciado túnel de ventilación que lleva a la seguridad ansiada. Entra solo al edificio pero al segundo paso siente un dolor en su pierna izquierda y antes que pueda darse cuenta dos langostas mecánicas lo muerden comiéndoselo vivo. Grita pidiendo ayuda pero los que dejó afuera no lo escuchan. A pesar del ataque a su pie que siente muy adentro no hay sangre ni heridas ni destrozo aunque una tercera unidad sale de las sombras y se une a las dos que ya lo martirizaban. Su desespero aumenta, no logra deshacerse de ellas, toma un pedazo de baldosa rota por el exterminio de las máquinas y golpea fuertemente mientras sigue gritando por ayuda. Ahora lo toman además por los hombros y lo estremecen, también le aguantan el brazo con que sostiene su arma ocasional. No son ellas sino aquellos que intentaba salvar quienes ahora lo someten y le piden calma. Rodrigo se ve inmovilizado y recupera poco a poco los sentidos. Se mira a su pata izquierda y contrae las artificiales articulaciones. Es un cyborg muy viejo y su parte humana nunca se adaptó completamente a los añadidos que la mitad de su cerebro termina todavía rechazando. Ha sido víctima de una falla del sistema. La energía llega nuevamente a su ojo que regula las cerdas de su pupila robótica, se energizan ligamentos y tracciones y se reincorpora como si nada hubiese sucedido. Cual bucanero de siglos atrás su medio paso metálico se va perdiendo en el aire cuando sigue con los demás entre las sombras.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 77 seguidores