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Ayer fue 13 de marzo. Tengo un compañero de trabajo que está casi a edad de retiro y me hizo esta anécdota que se la refirió un combatiente de la clandestinidad de Santa Clara que luego se alzó en el Escambray en 1957. Digo las fuentes porque no puedo asegurar la veracidad total del hecho, pero el coraje que se le atribuye en ella a su protagonista este lo demostró una y otra vez.

Un dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) había caído en manos de la policía de Santa Clara y estaba en la estación principal de la ciudad. Allí se concentraban aquellos esbirros que más terror causaban entre la población. Muestra es que cuando la histórica toma de finales de diciembre de 1958 comandada por el Che Guevara, uno de los puntos más duros de tomar fue esta estación, pues los allí refugiados sabían lo que les esperaba por su historial de acciones sangrientas. En ese combate precisamente pierde la vida el joven capitán Roberto Rodríguez, jefe del batallón suicida de la columna rebelde No 8 Ciro Redondo.

La directiva de la FEU santaclareña estaba sin alternativa y no habían podido liberarlo. No sé si casualmente o por este motivo, llega a la ciudad José Antonio Echeverría y le manifiestan que ya lo habían intentado todo. La respuesta de José Antonio los dejó tiesos:

– ¿Y ustedes fueron a buscarlo? ¡Vamos para allá!

Y sin pensarlo dos veces, salió para la estación. Al llegar, la guardia de la policía que estaba en la puerta intentó detenerlo, pero aquel estudiante cardenense demostró la misma determinación del día del asalto al Palacio Presidencial y la Estación Radio Reloj el 13 de marzo de 1957:

– Yo voy pa’ dentro. Si tú no quieres que entre, mátame.

Y lo sacó.

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